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Cuentos
Diabolus in musica

Diabolus in musica

Imagen generada con Midjourney

Días antes de su muerte, Andreas Werckmeister, musicólogo y organista alemán, publicó el Murmuur, un opúsculo donde divulgaba una serie de combinaciones musicales que denominó diabolus in musica.

El Murmuur no tardó en caer en manos de los Calificadores del Santo Oficio, quienes de inmediato decretaron la censura eclesiástica y la expiación por fuego para los ejemplares de esa obra y para sus temerarios lectores.

No obstante, a pesar de la celosa vigilancia de la iglesia, ejemplares del Murmuur circularon de manera clandestina en numerosos círculos de ciencia y de filosofía. Entre estas asociaciones secretas, el Chorea Machabaeorum ganó celebridad menos por sus descubrimientos que por el aciago destino de sus afiliados.

El Chorea Machabaeorum se proponía desarrollar un sistema musical que legislara las pasiones del alma. Sus eruditos soñaban con componer fugas que diseminaran el miedo, motetes que exorcizaran los vicios, arias que encendieran el amor, madrigales que infundieran el olvido. Con ese fin, adoptaron el Murmuur como catecismo, aplicaron reformas a los instrumentos tradicionales, reeducaron el oído, las cuerdas vocales, los músculos.

Luego de años de preparación, el Chorea Machabaeorum se congregó en las catacumbas de una capilla de Praga e interpretó el diabolus in música para un auditorio selecto. Esa única ejecución bastó para demostrar la poderosa influencia de los acordes descubiertos por Werckmeister. Primero con asombro, luego con horror, los miembros del Chorea Machabaeorum comprendieron que el diabolus in música no solo afectaba al alma, sino que también alteraba el cuerpo.

A los pocos días del concierto, oyentes y ejecutantes comenzaron a notar cómo la piel se les tornaba apergaminada y verrugosa, cómo la cabeza fomentaba forúnculos de sangre negra, de pus, de calcio, cómo las manos se les hinchaban a la manera de moluscos y les crecían dedos, más y más dedos.

Los más afortunados sucumbieron luego de incontables sufrimientos. Los pocos que lograron sobrevivir fueron capturados por los alguaciles del Santo Oficio y su deformidad se exhibió como ejemplo en las procesiones de los penitentes.


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